El genuino Erik Satie revolucionaba la ortodoxia parisina abriendo paso hacía una estética diametralmente opuesta a la que perpetuaba la solemnidad académica.
Claus Ogerman fusionó la elegancia y la especial sensibilidad con la que impregnaba sus temas uniendo el jazz y lo clásico con una naturalidad pasmosa.
Si hay un humano que en la música dejo un legado inconfundible, lleno de virtuosismo y lírica humanidad, ese fue Jaco Pastorius, con esa presencia que nos hacía sentir cada nota que ejecutaba en su bajo en los más profundo de nuestras entrañas.
Esta pieza nace del encuentro entre la rebeldía luminosa de Satie, la arquitectura emocional de Ogerman y la intensidad auténtica de Jaco Pastorius: tres miradas que nunca aceptaron límites y que hoy inspiran un lenguaje sonoro nuevo.

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