La inspiración musical no ha cambiado de esencia: sigue siendo ese relámpago que cruza el silencio y le da significado. Hoy tuve mi día y susurré a la IA con precisión y sensibilidad, transformando la turbación del momento en palabras justas, matices en prompts, emociones encontradas en términos claros.
No reemplazo la chispa: la traduzco. Como compositor del lenguaje, afino cada término para que la máquina responda con música, y en ese diálogo nace algo inesperadamente humano, porque, incluso mediado por algoritmos, la inspiración sigue siendo lo mismo de siempre: un acto creativo, una escucha profunda, una forma distinta —pero auténtica— de hacer cantar al silencio, el grito puntual de un temazo como el que os presento aquí.
Camino por las calles como si fuera el amo. Me sobra el ritmo, pero me aturde el ruido que no cesa y no me deja descansar. En el fondo deseo encontrar un sitio para poder sentarme. Entre los huecos, por fin, encuentro un espacio, un lugar estable. Aún así, no puedo dejar de marcar el ritmo cuando el mundo no renuncia a rendirse. La mañana del domingo presiona mi pecho, pero he encontrado otro hueco, y ahora no dejo de cavar porque el viento bajo el ladrillo me susurra descanso, y sigo aquí, cavando, siguiendo sin descanso el ritmo. (No es la traducción, es la impresión personal)
Espero que la cosecha de hoy les guste. Ya me dirán.
Gracias.

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