martes, 9 de septiembre de 2014

La verdad se vive, pero no se enseña

Mi gato me cuenta que nadie puede atisbar mejor que él la inmensidad del cielo sin que el vacío de la noche se le eche encima. Nadie sobrelleva mejor el incierto devenir existencial como el que vive en libertad por excelencia, ya que el circo de emociones cesa, y el peso de la agonía se diluye entre la intensa vida que exige el tributo a la manumisión. Nada es gratis en esta vida, y mi gato aprendió a maullarme con un sonido propio sabiendo que es el que mejor se adapta a mí, para poder contarme todas esas cosas que sólo los gatos saben, y que no acaba de comprender nadie, porque el peso de las ataduras nos sojuzgan a la razón, y nos ciñen a la tierra como patéticas lapas pegadas a las rocas. ¿Qué es lo que me susurra mi gato? Mi gato no susurra nada que no conozcamos ya, pero echando mano de su fina sabiduría, acercando su hocico a mi oído, me cuenta que la verdad se vive, y que no se enseña, y que todo aquél que quiera acercarse a la realidad tiene que participar en ella. Mi blog está abierto para poder vivir la realidad desde el ejercicio de la libertad de opinión, y después de tanto tiempo, tuvo que ser un gato el que me recuerde que les diga que un breve comentario siempre viene bien, y que cualquier cosa que digan siempre será un minuto de vida más en este breve espacio de orfebrería intelectual, en esta bagatela popular brindada gratuitamente para que todos seamos dignos de vivir en libertad. Gracias.
(De mi anterior blog Iam Salty Blog Hymn To Freedom)

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